No soy una marca
Y asi me va.
No soy una emprendedora, ni una marca personal, ni un logo, ni un avatar. Soy yo, Marta, aunque muchos me conocen como Eme DJ. Soy gallega, lesbiana, DJ, friki, impulsiva, con ansiedad y muchas dudas, pero también con un fuerte deseo de entender y dejar una huella en los demás.
He pasado años buscando mi lugar en una industria musical que a menudo valora más la apariencia que la verdadera pasión. Un mundo donde el marketing lo es todo y hay quienes se enriquecen sin ningún respeto por la música. He criticado a otros DJs porque han transformado sus sesiones en espectáculos de luces, confeti y bailes que poco tienen que ver con el arte de pinchar. No es que me moleste el show en sí, sino que siento que hemos perdido algo esencial en el camino. Llevo dos décadas como DJ, pero no estoy aquí solo para entretener. Pincho porque es lo que me conecta, lo que me mantiene presente.
Crecí grabando cintas de la radio, leyendo fanzines y viendo películas raras en la tele. Me emocionaba encontrar cosas con las que realmente me identificaba. Gracias a esas experiencias, aprendí que el arte, la música y el cine no son solo entretenimiento, sino también herramientas para cuestionar y desafiar lo establecido.
En los últimos años, además de pinchar, he hablado sobre precariedad, salud mental y el capitalismo, y lo complicado que es moverse en la industria musical si no encajas en ciertos moldes. Lo he hecho porque durante mucho tiempo nadie se atrevía a hablar de esto. He dado charlas, organizado talleres, colaborado con festivales y colectivos pequeños, participado en podcasts y escrito en medios. Incluso he publicado libros y artículos donde he abordado el malestar y lo que significa ser DJ más allá del escenario.
Así nació “Depresión en la Cabina”: sin dinero, sin marcas, sin patrocinadores. Solo con mi experiencia y la de otras personas que también enfrentan situaciones similares en una industria que a veces te aplaude y otras te deja caer.
A veces pienso que voy demasiado lenta, que me quedo atrás, que no sirve para nada porque parece que la industria sigue girando como siempre, sin escuchar. Pero al mismo tiempo siento que es lo único que tiene sentido para mí: hacer las cosas desde un lugar honesto, aunque eso signifique perder oportunidades o quedarme un poco más sola.
Lo que quiero es seguir. Hablar, pinchar, escribir... Seguir conectando con la gente que entiende que la industria músical puede ser un lugar en que también podamos cuidarnos.


