DJ Thirsty.
¿Sabéis cómo se diferencia a un DJ de un DJ-influencer? Miradle las manos.
Un DJ de verdad está currando. Sudas, miras a la pista con cara de concentración (o de susto), tocas la ecualización porque la acústica de la sala cambia cuando se llena de cuerpos, estás corrigiendo el tema que entra, estás preparando el siguiente track. En definitiva, estás haciendo cosas para mantener a la gente bailando, mantener la energía y evitando fallos técnicos mientras improvisas todo.
El DJ influencer está a otra cosa. Abusa del botón de Sync porque su prioridad no es cuadrar el bombo, sino tener las manos libres para hacer el corazón a la cámara, bailar, figurar, performar. En muchos casos, llevan la sesión pregrabada porque no saben mezclar en directo.
Yo a este perfil lo llamo el “DJ Thirsty”. Tienen una sed desesperada de casito y validación. Les importa más estrenar un outfit distinto en cada evento que buscar música nueva. Si entras a sus redes, rara vez hablan de productores, de canciones, de la escena, o aportan algo; su muro es un escaparate de fotos y reels en backstages o en la cabina, posando y etiquetando a treinta marcas y servicios en cada post. Son totalmente un producto. No quieren ser DJs, quieren ser famosxs.
Ser DJ es un oficio. Va de muchas cosas: a veces también va de pinchar con la sala medio vacía, de aprender a leer la pista y de amar la música por encima de tu ego. Ver cómo nuestra profesión se reduce a una herramienta de marketing para “parecer guay” es una mierda que genera incomodidad en los que sí amamos esto, obligándonos a competir en un juego de métricas y apariencias.


