Abusos en la cabina.
La visibilidad femenina está creciendo, pero el acoso también.
Hoy os traigo un post diferente y, para ser sincera, uno de los más difíciles de montar. Llevo días queriendo hablar de los abusos en la escena, pero el volumen de información me desbordaba un poco.
He usado la IA para procesar todos esos datos, cruzar informes de 2025 y estructurar lo que vais a leer. Gran parte del texto que sigue mantiene esa estructura técnica de investigación porque quería que los datos fueran impecables, pero las ganas y la rabia que me han llevado a publicar esto son 100% míos. A veces hay que apoyarse en la tecnología para poder digerir verdades que, de otra forma, nos costarían demasiado escribir. Aquí tenéis la anatomía de lo que está pasando en nuestras cabinas.
La música electrónica nació como un refugio para inadaptados. Durante demasiado tiempo hemos permitido que esa libertad sea secuestrada por depredadores. Estamos rompiendo, por fin, ese pacto de caballeros que se formó silenciando a las víctimas. El movimiento #MeTooDJs es necesario frente a la impunidad. Pero empecemos por los datos para que nadie diga que exageramos.
La evolución de la brecha de género (según female:pressure y DJ Mag) muestra una progresión que, sobre el papel, parece una victoria. Pasamos de un 9.2% de mujeres en festivales en 2012 a un 26.9% en 2021. DJ Mag pasó de incluir a una sola mujer en su Top 100 de 2012 a trece en apenas ocho años, bien, no?
Pero la visibilidad es simplemente un objetivo más grande para los depredadores. Esta estadística es el síntoma de una industria que sigue siendo un campo de caza para quienes controlan el acceso, los gatekeepers.
La jerarquía de los clubes y la “zona gris” de la noche permiten que los que mandan conviertan el poder en una herramienta de coacción sexual. Cuantas bromas te han hecho para recordarte que “la cabina” no es tu casa?
Micro-agresiones: El 75% están ligadas al género.
Gatekeeping Sexual: Promotores y agencias exigiendo tributos. Grimes lo expuso perfectamente: productores que no terminan una pista si la artista no sube a su habitación de hotel.
Deshumanización Estética: Casos como el de Justin James, exigiendo requisitos de peso (47-54kg) y estatura para contratar DJs. Aquí dejas de ser creadora para ser un decorado de carne bajo el criterio de “atractivo” del intermediario.
Durante años, agencias y sellos protegieron activos económicos por encima de vidas humanas. Casos como los de Erick Morillo o Derrick May revelan cómo la oscuridad, la informalidad y las sustancias fueron weaponizadas para facilitar el abuso y silenciar denuncias bajo el peso del prestigio.
Aunque voces como Annie Mac o The Blessed Madonna han forzado un cambio de narrativa, el sistema legal sigue siendo un colador. Los NDAs (Acuerdos de Confidencialidad) han sido la mordaza preferida para comprar el silencio.
Cuando una artista se rebela contando su experiencia y dando su opinión sobre ciertos círculos y conductas normalmente pasa a ser “una llorona, una quejica, una persona dificil”.
Y aquí es donde entra lo que más me jode y me toca de cerca: el daño psicológico no es un daño colateral. La impunidad patologiza a la víctima mientras protege al agresor.
En un sector donde casi todos somos autónomos, reportar significa, muchas veces, no volver a conseguir un bolo. El miedo a no trabajar también silencia.
La escena no carece de talento femenino; lo está suprimiendo activamente mediante un entorno que erosiona la confianza a base de alimentar el “síndrome de la impostora”. Sin protocolos, el trauma se traslada a la artista, que acaba abandonando la carrera por ansiedad o depresión mucho antes de alcanzar su madurez técnica.
Gracias a colectivos como Discwoman, Siren o MiM, se están creando esos espacios seguros que la industria se niega a dar. Pero necesitamos más:
Promotores y Agencias: El gatekeeping sexual y los NDAs ya no son opciones morales. Si protegéis a un abusador, sois cómplices.
Fans: Dejad de financiar la toxicidad, dejad de idolotrar a gente que sólo quiere ser famosa y tener privilegios (los videos de instagram ya dicen quien es una persona Thirsty y quien está realmente por querer compartir música para que la gente sienta cosas). Si un evento no tiene protocolos claros y puntos de reporte seguros, vuestra entrada está pagando el siguiente abuso.
Sistema: La seguridad no es un lujo; es un derecho laboral básico. Seguridad no sólo física, también psicológica y tener la certeza de que estoy pinchando en un sitio seguro para mi identidad.
Un dato para no olvidar: En este negocio, 3 de cada 4 agresiones nunca se reportan.
Publicar esto me da un poco de vértigo. Sé perfectamente cómo funciona esta industria y sé que poner el dedo en la llaga te cuelga automáticamente la etiqueta de ‘conflictiva’. Ya lo he vivido. Pero el silencio frente a los abusos es algo que ya no me puedo permitir.







Pequeño inciso: si aclaras que hoy usaste IA para procesar y estructurar, se entiende que no es algo excepcional sino parte de tu forma de trabajar (tus ilustraciones de Notebook LM te delatan bastante).
Lo relevante no es si usaste tecnología, sino lo que haces con ella: ordenar datos para hablar de algo incómodo con más rigor. El problema nunca es la herramienta. Eso es un gran error de concepto
El o la DJ tiene o tienen que volver a su habitad natural : la sombra. Hasta que eso no vuelva a suceder, todo seguirá siendo una bola de mierda